jueves, 26 de diciembre de 2013

Los estragos del deseo


Sobre un viejo immram del siglo VIII
Como una promesa arriesgada 
el islote se alzaba ante ellos.
Lo cercaba una tapia humeante
construida con piedras de fuego.
Solo había en el muro una puerta
y la puerta giraba. El viajero
y sus hombres veían la isla
solamente ese huidizo momento
en que el muro de fuego olvidaba
su costumbre de horror y deseo.

Habitaba la isla una gente
que vestía elegantes atuendos
y reía y alzaba sus copas
y bebía del vino del tiempo.
Máel Dúin, que por algo los dioses
olvidados de Irlanda escogieron,
tras haber visto aquello un buen rato
coger quiso las de Villadiego.

Pues sabía que está hecha de anhelo
y mentiras la Isla del Sueño.

martes, 17 de diciembre de 2013

Predicciones


Vendrán, lo sé, unos años en que el mundo
parecerá gastado y viejo. Entonces
los días que arden hoy como una rosa
de júbilo en tus manos (una rosa
que solo sabe arder o marchitarse)
estos días, decía, serán solo
recuerdos deformados, vagos símbolos
que la mano cansada de un poeta
trazará en su labor de polvo y sombra.

Y ya no sabré, amor, si te pareces
tantísimo a esa Ofelia de John Waterhouse
como me gustará decir entonces
ni si es verdad que andabas este invierno
por Dublín como Leia por la gélida
base rebelde del planeta Hoth
ni si aquí comprendí que nuestra hora
es una flor que se abre muy despacio.

No sabré distinguir la vida de
la sutil construcción de la memoria.

(Pero si sigue vivo este poema
va a pasarlas canutas el olvido,
porque hoy, que es diecisiete de diciembre
de 2013, envío este mensaje
a ese poeta ignoto del futuro:

más allá de los símbolos, del molde
antiguo de los versos, más allá
del oficio fatal de ser poeta
no dudes de estos días, pues no hay
lugar para la duda: fueron buenos).