domingo, 28 de octubre de 2012

Tras los pasos de Jayyam y Berkeley


En la boca que muerde la manzana
no encontraremos el sabor,
ni tampoco en los frutos de los árboles.
Tan solo en el mordisco,
tan solo en la hoguera del momento
está la vida.

Por eso, amor, olvida tus estudios
y móntate en el taxi más cercano
que te lleve a la Renfe, pues el mundo
está maduro y nos espera.

Sembraremos de versos
clandestinos cafés en Kairouan
y en las entrañas
de Oriente aprenderemos
el arte de la muerte y del engaño.

Seremos los gurús de alguna secta,
guiaremos mil cabezas de ganado
por las verdes llanuras de Kentucky,
tendremos por hogar húmedas celdas
en sótanos de cárceles perdidas
y desde monasterios
robados a la roca
traeremos a Occidente falsos ritos.

Mas nunca nos veremos,
mientras estemos juntos,
vagando por las calles del olvido.
Porque solo en la luz de tu mirada,
tan solo en las palabras que tu boca
siembra en mi oído
                            está la tierra.

Tan solo en el mordisco, Lesbia,
tan solo en el amor
                            está la vida.