viernes, 28 de septiembre de 2012

La batalla de Crecy

                                                    Sobre un tema de Diego Álvarez Miguel

Ya estaba terminando la refriega cuando el hombre
vio por fin su momento. Se lanzó sobre la espalda
del norteño que huía y dibujó bajo su oreja
una sangrienta C que recordaba al antiguo
blasón de la famila.
                                 Con la espada ennegrecida
por la sangre ya seca de su único enemigo,
atravesó los patios del castillo. Resonaba
un grito en las almenas.
                                     En el suelo del salón
principal de la torre, la duquesa de Carltonbridge,
recién muerta, lucía una delicada C
de color vino justo bajo la oreja derecha.