lunes, 30 de abril de 2012

Remedia amoris


Todos los camareros
de los bares del centro te conocen.
Tu nombre es tristemente célebre
en las esquinas y los parques
más torturados del Oviedo antiguo.

Y Pedro, tus amigos
ya estamos hasta el alma
de tanto lloriqueo,
de que vomites cada viernes
en el coche de turno,
de que digas que sientes mariposas
de amor en el estómago
y que esa mujer te está matando.

Si no querías mariposas,
no debiste comer
los huevos del gusano.

jueves, 19 de abril de 2012

Vampiro ye-yé



Si yo, como el guaperas de la tele,
fuera un voraz vampiro
y tuviese una fuerza sobrehumana
y no necesitara dormir en absoluto,
lo primero de todo arreglaría
algunos asuntillos que aún me quedan
pendientes con el Tiempo y
sembraría el terror en ciertos barrios
de la ciudad de Gotham,
confundiendo a los pobres criminales
entre tanto sobaco de murciélago.

Pero una vez resueltas
estas breves cuestiones,
con el espejo de los siglos por delante,
alzaría mi copa derramando
el adorable zumo de tus venas
y, de una vez por todas,
enviaría mis tres almas al carajo.

lunes, 2 de abril de 2012

Luck Lugosi

“El piso estaba lleno de universitarios borrachos. En la habitación principal, un estudiante de Filología Francesa se había quedado dormido mientras le hacía el (es un decir) amor a una foca canadiense. Susana llevaba dos horas cuidando de una amiga que rezaba un mantra etílico y yo estaba francamente aburrido.
Cuando el hombre, que rellenaba su copa en la cocina, me miró de reojo, me abalancé sobre él como un lobo dialéctico. Estuvimos hablando tan solo veinte minutos. Era un tío raro, aunque su cara me resultaba vagamente familiar. Se hacía llamar Luck Lugosi. Llevaba una chupa de cuero, tosía cada tres palabras y jugaba con una figurita de una pierna de plata. Tenía una conversación irregular y entretenida, como un altavoz giratorio, pero cuando me volví, tras haberme servido la décima Coca-Cola de la noche, Luck y su pierna habían desaparecido. Y no los vi más en toda la noche.
Después de su mutis, regresó el aburrimiento. El piso parecía de nuevo una gigantesca masa de arroz pegajoso, llena de tropezones de sudor, de alcoholismo y de bilis. Por fin habíamos conseguido meter a la amiga gorda de Susana en el taxi cuando llegaron ustedes, agentes, con sus cuerpos de jabalí y todo eso, y se armó un lío terrible porque ustedes creyeron que yo tenía algo que ver con Lugosi. Ya ven, ahora suena ridículo. Me va a matar Susana cuando llegue a casa. Y con lo mal que tengo la espalda. Como si hubiera visto en mi vida a ese cerdo de Luck, con su chaqueta y su piernecita de plata.”

Te juro, Luck, que esto fue lo que les dije. Esto y nada más. Yo creo que los convencí con lo de Susana. Soy convincente si me pongo, ¿eh? No, no les dije nada más. ¿Cómo iba a contarles? Estuve cojonudo, Luck, muy convincente. De verdad, Luck. Por eso me soltaron. Luck, Luck, de verdad, te lo juro, esto fue lo que les dije. Por favor, Luck, no.