jueves, 28 de julio de 2011



REVELACIÓN

Dios existe en la música.
En el centro
de la polifonía
se abre su reino inmenso y deslumbrante.
Incesante, infinita,
la creación extiende sus fronteras.
¿Qué improbable
constelación
se atrevería a brillar
más allá de sus límites?
Escalas luminosas tienden puentes
de firmamento a firmamento,
fundan el poderío de la evidencia.
                                                     Asombro.
Es la verdad:
                     ¡Dios existe
en la música!
 ( Cuatro compases más, y otra vez solos.)


EPÍLOGO

Cuando el músico guarda el violochenlo
en su negro sarcófago,
el cadáver de Dios huele a resina.

 ÁNGEL GONZÁLEZ

Si condicional

Cuando abrazas el mar entre tus senos  y     me ofreces el curso de tu boca
el mundo se nos cae   S o f í a . Corremos por las alcantarillas temiendo una luz que nos despierte
cantamos una canción de ésas que solo se cantan si es de noche y si los grillos y la luna y
pintamos las paredes de los desagües con la sangre de los cocodrilos.
 
Y cuando resulta por fin demasiado tarde
salimos
de la Tierra ajustamos nuestras corbatas y
acudimos, ansiosos, a una jornada más
en el Infierno.